Chopin: Estudio para piano n.º 1 en do mayor, op. 10

Chopin inició la serie de estudios opus 10 en el otoño de 1829, a la edad de 19 años. Es la época en que el compositor se instala en París. Esta serie de doce estudios está dedicada a su amigo F. Liszt, a quien fascinaron de tal manera, que dicen que solo tardó una semana en aprenderlos todos. Tanto en este estudio como en el resto de la serie, hay una gran influencia del violinista genovés Niccolò Paganini. En Varsovia, Chopin asistió a conciertos y recitales del virtuoso violinista, que marcarían profundamente su técnica y didáctica pianística.

Legato y Allegro

El estudio número 1 se adapta al orden del acorde perfecto de do mayor (do-mi-sol-do). Con esta obra se abre la serie del manuscrito. La finalidad didáctica de esta pieza es extender la amplitud de la mano derecha, que discurre con una serie de arpegios a una velocidad de vértigo (Allegro; negra: 176), en un tiempo de 4/4. Mientras la mano derecha recorre el teclado con veloces arpegios de semicorcheas, la mano izquierda lleva la melodía con sonoros y lentos acordes de octava, a lo largo de 79 compases. Es uno de los estudios de la serie de más difícil ejecución y que requiere mayor virtuosismo.

El sonido de los arpegios que suben y bajan ha dado lugar a que también se le conozca como La cascade (La cascada, en francés) o Les escaliers (Las escaleras). Y es que la melodía arpegiada de la mano derecha tiene un efecto dominó en los sonidos que ascienden y descienden, que crecen y decrecen sucesivamente, sin parar, hasta que la mano izquierda marca el final con un grave acorde de octava.

Este estudio es innovador en cuanto a la técnica pianística, ya que cambia la posición tradicional en la que se coloca la mano (dedos curvados, muñeca ligeramente baja, ataque en vertical). Para poder tocar los rápidos arpegios, la muñeca se sitúa ligeramente más alta, los dedos un tanto estirados, la flexión se centra en la primera falange, con un ataque longitudinal de la tecla. Chopin decía que para aprenderlo bien era necesario tocarlo despacio, doucement, para hacer bien el legato con la mano derecha y alcanzar la velocidad requerida. La tonalidad de do mayor confiere a este estudio un carácter extravertido, optimista, rápido y dinámico.

 

Entre las interpretaciones más virtuosas de este estudio figuran la de los pianistas Maurizio Pollini y Martha Argerich, ambos ganadores del Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin, en 1960 y 1965, respectivamente. Es notable también la interpretación del pianista ruso Evgeny Kissin.

Martha Argerich lo toca rapidísimo, en mi opinión, excesivamente. Pollini alcanza una velocidad vertiginosa perfecta. Kissin, lo ejecuta más lentamente, pero lo interpreta marcando más los matices. De cualquier forma, las tres interpretaciones son magistrales pero, los resultados, diferentes.

Si bien dicen que es uno de los estudios más difíciles de interpretar de la serie opus 10, en mi opinión le superan otros de la misma serie, como el estudio «revolucionario» (opus 10, número 12). Dejo la partitura del estudio número 1, para que otros puedan juzgar.

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