Jan Swafford: Beethoven. Tormento y Triunfo

TÍTULO ORIGINAL Beethoven: Anguish and Triumph
(Traducción del inglés de Juan Lucas Romaní)

En 2017, la editorial Acantilado publicó Beethoven, Tormento y Triunfo, una obra traducida por Juan Lucas Romaní, del original Beethoven, Anguish and Triumph, escrita por el compositor estadounidense Jan Swafford.

Se han escrito muchas biografías y obras sobre Ludwig van Beethoven. Sin embargo, este libro no es una mera narración de su vida, sino un completo relato de Beethoven como hombre y como músico. En calidad de compositor y profesor del conservatorio de Boston, Jan Swafford no puede evitar dar explicaciones un tanto técnicas sobre la obra de Beethoven, imposibles de entender sin nociones de solfeo y armonía. En la introducción, Jan Swafford recomienda, antes de abordar el primer capítulo, leer un apéndice titulado «Las formas musicales en Beethoven».

Swafford refleja al genio, que no tiene solo un talento innato, sino que además le añade originalidad, imaginación, una gran ambición y una extraordinaria capacidad de aprender y crecer. Beethoven es un ejemplo de fuerza de voluntad titánica. La madre del gran músico le inculcó un lema que él seguiría durante toda su vida: «Sin sufrimiento no hay lucha, sin lucha no hay victoria, sin victoria no hay coronación». Educado en una implacable disciplina, se impondría una exaltada abstracción: la humanidad. Y servir a la humanidad es servir a Dios. Celebérrimas citas de Beethoven muestran la grandeza del músico como persona:

«¡Hombre, ayúdate a ti mismo!»

«Solo el arte y la ciencia pueden elevar al hombre al nivel de los dioses»

Con un carácter de difícil trato y frecuentes exabruptos, Beethoven tenía un gran amor a la humanidad y consideraba su deber servirla. Tal y como le enseñó su maestro, Christian Neefe, el objetivo de un compositor es estudiar las pasiones y los caracteres humanos y plasmarlos en los sonidos, en las obras.

 

Estructura del libro

El libro consta de una introducción, treinta y tres capítulos, un apéndice explicativo, bibliografía e índice, repartidas a lo largo de sus 1455 páginas.

El primer capítulo comienza con el bautizo de Ludwig van Beethoven el 17 de diciembre de 1770 en Bonn. El compositor siempre llevaría a Bonn en su corazón, aunque posteriormente viviera en Viena, ciudad que nunca le gustó. Fue en Bonn donde conoció a su maestro Christian Neefe, que le enseñó la importancia del El clave bien temperado, obra conocida entonces solo por un pequeño grupo de iniciados. Cabe destacar el paralelismo entre el preludio nº.1 de El clave bien temperado y la sonata Claro de Luna. Neefe introdujo a Beethoven en las obras de Bach, hasta llegar a Haydn y Mozart.

 

An die Freude (Oda a la alegría)

Christian Neefe era un Schwärmer, un entusiasta de la Ilustración, lo que le condujo a la francmasonería. Haydn y Mozart se convirtieron en miembros de la logia en Viena. Fuerza, belleza y sabiduría eran las logias masónicas. En 1785, Schiller reflejó el espíritu de la época en un exaltado poema llamado An die Freude (Oda a la alegría). La esencia del poema era el culto ilustrado a la felicidad, la libertad y la fraternidad universal. El camino hacia la grandeza empieza en el interior de cada uno, con el cultivo de la moral, el deber, la disciplina y el valor. Reinventarse a uno mismo para salir al mundo. An die Freude fue cantada en las logias francmasónicas de Alemania. El poema de Schiller fue el motivo conductor de Beethoven, no solo de su obra, sino de su vida.

La Novena sinfonía es la representación de los valores masones, la culminación de la obra de Beethoven. La Sinfonía n.º 9 en re menor, op. 125, también conocida como «Coral», es la última sinfonía completa del compositor. Beethoven incorporó a la Novena sinfonía algunos modelos: La Creación y el himno austriaco de Haydn, La Marsellesa, Händel y Bach, influencias de su sinfonía Heroica y la Quinta sinfonía. Asimismo, hay influencias de La flauta mágica, la opera de Mozart por Beethoven.

 

Influencias

Para el gran músico, solo los poetas eran superiores a los genios de la música. Decía de sí mismo que él no era un Komponist, sino un Tondichter, un poeta del sonido. Leyó y conoció personalmente a Goethe, a quien admiraba. En sus obras hay grandes influencias de Bach, Haydn, Mozart, Schiller, Shakespeare, Homero, Plutarco. Si bien Beethoven tenía un aspecto tosco y sus maneras no eran precisamente suaves, es admirable su formación, su Bildung, la formación humanística y experiencia en la vida, no solamente en el ámbito musical. Para Beethoven, al igual que en sus obras, lo importante era el todo, la humanidad. Como él mismo afirmaba: «Tengo la costumbre de mantener siempre la visión de conjunto». Si bien como músico era un genio, como persona no lo era menos, con su formidable fuerza de voluntad y superación:

«Todo lo que es difícil es bueno»

Otra rasgo de la vida y obra de Beethoven era llevarlo todo al límite: siempre había algo más: algo más que crear, algo más que descubrir, más intensidad, más altos, más bajos. Unos contrastes cada vez más acusados según avanzaba la edad, unos altibajos acordes con los sufrimientos de su salud y las pérdidas personales, quizás la más dolorosa fuera la muerte de su madre en 1787, su gran amiga.

Si bien Beethoven llevó una vida marcada por una gran soledad, también contó con amigos y familiares con los que era prácticamente imposible mantener una relación continua, debido en gran parte por su fuerte carácter. Beethoven no era una compañía fácil y nunca lo sería. Uno de los amigos que tuvo desde pequeño en Bonn fue Stephan von Breuning, con quien mantuvo la amistad hasta su muerte en Viena, si bien tuvo periodos de ruptura. La familia Breuning, que le acogió en Bonn tras la muerte de su madre, fue de vital importancia en su formación. Los Breuning ya eran conscientes de los geniales rasgos del músico, de sus raptus, su constante aislamiento físico del mundo, el repliegue en sus propios pensamientos. Pero su difícil carácter estaba compensado por su genialidad. De los amigos de Bonn, solamente Stephan von Breuning permaneció en Viena durante un tiempo prolongado, si bien con altibajos en sus relaciones, al igual que ocurrió entre los hermanos Beethoven: Karl Kaspar y Johann.

En 1792, Beethoven fue a vivir a Viena, ciudad que aborreció durante toda su vida. Ludwig necesitó muy poco tiempo para imponer su primacía como pianista virtuoso. No encontró rivales de peso al piano que pudieran enfrentarse con la brillantez de su técnica. Cuando llegó a Viena, Beethoven era un joven pequeño, moreno, feo y de temperamento fuerte, al que apodaban Der Spanien.

 

Sordera, alcoholismo y melancolía

Empezó con problemas de oído a finales de 1798, con veintisiete años. La primera vez que Beethoven fue consciente de su sordera fue a raíz de un arrebato de ira, en el que sufrió una convulsión y se desplomó. Al levantarse, descubrió que no oía.

Probablemente, ese arrebato fue el desencadenante, pero había muchas otras causas como o el envenenamiento con plomo o el tifus que había padecido en años anteriores. Normalmente, se añadía sales de plomo al vino barato como edulcorante, si bien estaba prohibido. Además, Beethoven ya tenía antecedentes familiares de alcoholismo: su abuela paterna y su padre.

Pero ni siquiera la sordera pudo frenarle. Una o dos veces al día, hiciera el tiempo que hiciera, salía para dar un paseo rápido: improvisar, escribir, salir y caminar. Caminar era una parte importantísima del proceso. Deprimido, Beethoven intentó negar su sordera, aislándose para esconderla. Se volvió más arisco, más taciturno. La melancolía, que le acompañaría a lo largo de toda su vida le llevó al borde del suicidio: «Solo mi arte me ha detenido».

Beethoven escribió una carta en Heiligenstadt a sus hermanos Johann y Kaspar, fechada el 6 de octubre de 1802. Se trata de una carta de tres páginas más un apéndice. Era una carta dirigida a sus hermanos y al mundo, ya que esperaba que se publicara cuando le encontraran muerto. Beethoven dobló la carta con el nombre de Testamento de Heiligenstadt y estampó su sello en lacre. Escribió: «Para ser leída y ejecutada después de mi muerte por mis hermanos Karl y…». Debido al enfrentamiento de Beethoven con su hermano Johann, en vez de escribir su nombre, dejaba un espacio.

Tres días más tarde, el 10 de octubre de 1802, escribe un apéndice en la parte exterior de la carta. En el apéndice expresa las máximas masónicas de felicidad, alegría en el trabajo y amor. Beethoven guardaría esta carta hasta su muerte.

El Testamento fue descubierto en marzo de 1827, después de la muerte del compositor por Anton Felix Schindler y Stephan von Breuning, quienes lo publicaron en octubre de ese mismo año.

Testamento de Heiligenstadt

 

La Amada Inmortal

Beethoven se enamoró en su juventud de Josephine Brunsvick que le había ofrecido su amistad, pero no su amor. El compositor tenía aún latente la figura sentimental de la condesa Josephine von Deym. En 1807, la condesa, viuda, escribió una cautelosa nota a Beethoven, interesándose por su salud, porque pensaba que ya se habría apagado su amor por ella.

Beethoven le respondió con una apasionada nota con el fin de reencontrarse con ella, pero Josephine se dio cuenta de que el compositor la seguía amando, no quiso recibirle en su casa y Ludwig cayó en una gran depresión. Dejó a un lado a Josephine y su desesperado sueño de matrimonio.

Por esta época tuvo un intento de suicidio. Beethoven acudió a la finca de la condesa Erdödy, se escondió en un lugar apartado del jardín con la intención de dejarse morir de hambre. Josephine tuvo un segundo y desastroso matrimonio con el barón Christoph von Stackelberg, quien la dejó morir sola.

Alrededor de 1812, Beethoven escribió una apasionada y larga carta iniciada un 6 de julio por la mañana, continuada por la tarde y terminada la mañana siguiente: «¡Querida, amada y única J!». La famosa carta dirigida „An die Unsterbliche Geliebte“ (A la Amada Inmortal). Beethoven escribe el adjetivo Unsterbliche en mayúsculas, si bien gramaticalmente debería ir en minúscula, por lo que en muchas traducciones se mantiene el término en mayúscula.

Durante años, los exégetas de la vida de Beethoven adjudicaron el papel de «Amada Inmortal» a diversas mujeres de la vida del músico: Josephine von Deym, Antonie Brentano, Therese von Brunsvik, y Giulietta Guicciardi, alumna de Beethoven a los 17 años. También se barajaron otras candidatas como Dorothea Erdmann, pianista y excelente intérprete de las obras de Beethoven.

Durante toda su vida, Beethoven guardó la carta a la Amada Inmortal, el Testamento de Heiligenstadt y retratos de mujeres a quienes había amado.

El 26 de marzo de 1827 en Viena, tras una larga agonía, falleció Beethoven, un gran hombre que vivió al límite. Su destino era tanto el triunfo como el tormento. Consiguió lo que se propuso: servir a la humanidad. Sin embargo, si el destino le imprimió una vida dura y solitaria, los dioses cumplieron con su parte, otorgándole un nombre eternamente grandioso.

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