Hermann Hesse: El lobo estepario

El lobo estepario (Der Steppenwolf)

Hermann Hesse (2 de julio de 1871, Calw, Alemania – 9 de agosto de 1962, Montagnola, Suiza)

Traducido al español como El lobo estepario (Der Steppenwolf), la novela de Hermann Hesse es un viaje interior que describe la crisis existencial que vivió el autor, durante los dos años anteriores a la publicación del libro en 1927.

En el invierno de 1926 a 1927, Hermann Hesse se separa de su segunda mujer, Ruth. Decide irse a vivir a Zúrich, a un cuarto alquilado que le facilitan unos amigos, en la calle Schanzengraben número 31. Hesse, de por sí solitario, introvertido y sombrío, se encierra aún más en su mundo interno, separado por un muro imposible que le aísla de las demás personas y le condena a la más absoluta soledad.

Los cuatro personajes principales 

  • Harry Haller, que sería el propio Hermann Hesse, con sus mismas iniciales.
  • Hermine (traducido también como Armanda), la versión femenina del nombre del autor, Hermann, su alter ego.
  • Pablo, un saxofonista con un carácter y forma de vida totalmente antagónica a Harry Haller (refleja la dualidad interna).
  • María, una amiga de Hermine que representa el placer sexual, la diversión, lo mundano.

Harry Haller es la definición de Hermann Hesse, su reflejo en el espejo. Al igual que el escritor cuando empieza esta obra, ambos rondan los 50 años y viven  en un cuarto alquilado. Gran intelectual, pero desprovisto de cualquier habilidad social, en Harry Haller se esconde un animal con el instinto del que solo «quiere deambular por las estepas, a veces beber sangre o cazar una loba». Como Hesse, Harry Haller vive con una lucha interna, una dualidad, una bipolaridad que le hace tener una difícil relación con el mundo en el que se ve obligado a vivir físicamente, pero al que no se adapta y rechaza psíquicamente.

Según Hesse, «quien no encaja en el mundo, está siempre cerca de encontrarse a sí mismo». Desde joven, el escritor sufre fuertes crisis depresivas con intentos de suicidio. Años más tarde, se psicoanalizó con el Dr. Joseph Lang, un discípulo de Jung. Desde entonces, el psicoanálisis es una parte fundamental para entender su obra. Para el escritor suizo-alemán, esta novela es un psicoanálisis en la que los protagonistas son espejos de su alma. La dualidad, la polaridad y el inconsciente cobran vida en los personajes de la novela.

 

Hermine remite a la forma feminizada del nombre del escritor, Hermann. En 1926, Hermann Hesse se encuentra con Ninon Dolbin, una austriaca judía con la que llevaba años manteniendo una relación epistolar. Ninon insiste en estar con el escritor, a pesar de que Hesse la intenta desalentar, hablándole sobre su melancolía y desaconsejable compañía. Ninon es Hermine, el arquetipo de Jung sobre el ánima, una alegoría de su interior; vive un renacimiento visionario a través de ella. En Demian, al igual que ocurre en la Divina Comedia de Dante, es Beatrice la que saca a Sinclair de sus depresiones y le lleva desde el «infierno» hasta el supuesto «paraíso». Lo mismo ocurre con Hermine, quien insiste en sacar al mundo a Harry, psíquicamente desesperado y firme candidato al suicidio. Gracias a Hermine, Harry conocerá el teatro mágico, ese baile de máscaras al que Hesse no puede, y en el fondo no quiere, integrarse.

«Durante 30 años me he esforzado, infeliz de mí, por entender el problema de la humanidad, sin saber lo que es un baile de máscaras»

La novela está dividida en tres partes

1. Anotaciones de Harry Haller. Sólo para locos.

En esta parte, Harry Haller narra su melancólica y solitaria vida, desde el punto de vista de un intelectual en la miseria que vive en una habitación alquilada llena de libros. No obstante, en esta parte hay una vuelta de tuerca cuando Harry sale a pasear una noche y ve una vieja puerta con unas letras que dicen: Teatro mágico/ No para cualquiera / Sólo para locos / La entrada cuesta la razón (Magisches Theater / Eintritt nicht für Jedermann / Nur für Verrückte / Eintritt kostet den Verstand).

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2. Tractat del lobo estepario. No para cualquiera.

 Esta parte lleva el título de un folleto de feria que encuentra Harry Haller. Se cambia el punto de vista del narrador: pasa de la primera a la tercera persona. Harry Haller visto desde fuera, con todas sus contradicciones, sus conflictos internos y la dualidad de su alma: hombre y lobo.

«Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario».

 

3. Anotaciones de Harry Haller (continuación). Sólo para locos.

Harry retoma sus anotaciones, después de haber leído el «tractat». Más tarde, se encuentra con un antiguo profesor que le invita a cenar con su esposa en su casa. En la cena, ocurrirá una anécdota fundamental que desencadenará la lucha interna del lobo y del hombre, al hacer Harry un comentario desafortunado sobre un grabado de Goethe. Tras el desencuentro con sus anfitriones, pasea sin rumbo fijo por las calles, hasta entrar en un bar con música de jazz. Allí se encontrará con Hermine (Armanda, en algunas traducciones). Esta mujer, con Pablo el saxofonista y su amiga María, le transportan a un mundo de sexo, drogas y música. Una noche, Pablo lleva de nuevo a Harry al famoso Teatro Mágico, en el cual el protagonista se embarca en un viaje ilusorio que le enseña el comportamiento del verdadero y único Harry.

El lobo estepario no es únicamente una descripción del alma del autor, sino una crítica a la sociedad burguesa. Hesse es consciente de que existen otros solitarios, otros inadaptados, otros intelectuales como él y no duda en nombrar a esos otros «lobos esteparios»: Novalis, Baudelaire, Mozart, Goethe, Schubert, Chopin, Brahms, Bach, Beethoven, entre otros muchos. De hecho, la novela termina con la frase: «Mozart me estaba esperando».

Hesse, mirando en su interior a través de Harry Haller, cuestiona la dualidad de su alma y hace que el lector analítico se pregunte quién es realmente el neurótico: el adaptado o el loco. Así, a lo largo de la novela, se repite como un mantra la invitación de Harry Haller o de Hesse para entrar en la sociedad: „nur für Verrückte”.

«Sólo para locos»

En 1946, un año después de que acabase la Segunda Guerra Mundial, se le otorga a Hermann Hesse el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, no asiste a la ceremonia de entrega el 10 de noviembre de 1946. Disculpa su ausencia y envía unas breves declaraciones para que se lean en su nombre.

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